QuéPasaColima.- No es algo nuevo que la apariencia es
importante. De acuerdo con la idea que la gente tiene sobre nuestro atractivo,
tal vez nos hayamos encontrado sin citas o abrumados por la atención no
solicitada.
Los estudios han demostrado que la
gente atribuye más inteligencia y competencia a las personas más altas, a las que
se desarrollaron satisfactoriamente o que de alguna forma son atractivas. Sin
embargo, un nuevo ensayo informativo del Consejo de Familias Contemporáneas nos
revela que la distribución desigual de la belleza tiene influencia en un ámbito
más delicado del que habíamos considerado: en las evaluaciones escolares que
los maestros y los compañeros hacen de nuestros hijos.
En un reporte informativo que se
publicó recientemente —titulado In School, Good Looks Help and Good Looks Hurt,
But They Mostly Help (En la escuela, la buena apariencia ayuda y afecta, aunque
mayormente ayuda)—, los sociólogos Rachel Gordon y Robert Crosnoe muestran que
en la preparatoria, algunos estudiantes —digamos, la reina y el rey del baile
de graduación— recibirán mejores calificaciones en cuanto a inteligencia,
personalidad y potencial para triunfar solo porque se les considera atractivos.
Es más, de hecho recibirán calificaciones más altas y es más probable que se
gradúen de la universidad.
De hecho, los autores —cuyo estudio
principal lo publicó en un libro la editorial Wiley— señalan que "la
diferencia en los promedios de calificaciones y las tasas de graduación
universitaria entre los jóvenes a los que los demás consideran atractivos y los
que tienen una apariencia común es similar a la diferencia que hay entre los
logros académicos de los jóvenes criados en hogares que cuentan con ambos
padres y las familias que tienen un solo padre".
Si te asombra la idea de que los
niños obtienen mejores calificaciones con base en el principio de "salir
adelante gracias a la apariencia", esto te enloquecerá: según sus
hallazgos, Gordon y Crosnoe creen que los efectos de la belleza (y por ende, de
la falta de ella) tal vez perduren después de la graduación.
Los autores dicen que la autoestima
crece (o se reduce) de forma acumulativa de acuerdo con nuestra apariencia y
que ello se transmite de la preparatoria a la universidad y tal vez dure toda
la vida.
Aunque los autores señalan que la
belleza tiene sus desventajas (por ejemplo: los hombres y mujeres atractivos
salían más en citas y bebían más, lo que tuvo un efecto negativo en sus
calificaciones y en su éxito universitario), concluyeron que en general, este
periodo de atención a la apariencia en la preparatoria es lo suficientemente
importante como para merecer que se hable de crear consciencia a causa de los
estereotipos raciales o clasistas injustos.
Si la apariencia se traduce en
alabanzas, mejores calificaciones e incluso que se crea que uno es cálido y
sensible, como lo descubrieron los autores en sus investigaciones, esta es una
ventaja para la gente que tiene un ADN afortunado. Cada ventaja de la que goce
un estudiante probablemente haga que un joven se sienta con más confianza, y la
confianza es una herramienta elemental para la vida adulta.
Lo preocupante está en la otra cara
de la moneda: como muchos padres saben, un adulto joven puede deprimirse o
sentir que no vale nada si no se lo considera atractivo en la preparatoria. Es
aterrador pensar que esto puede desembocar en una vida de sentimientos de
inadecuación, de sentirse indigno de amor e inferior.
Todos nos hemos vuelto más sensibles
y participamos más activamente en temas relacionados con la adolescencia que
solíamos ignorar. Sabemos lo peligroso que es el bullying, lo destructiva que
puede ser la depresión y lo importante que es ajustar nuestra opinión de las
personas que tienen discapacidades físicas o mentales.
Aunque no podemos obligar a la gente
a que cambie su concepción de quién es atractivo y quién no lo es, podemos
pedir a los maestros de nuestros hijos que estén conscientes de su tendencia a
otorgar mejores calificaciones o mayor aprobación a un niño atractivo y no a
uno que no lo sea. Todos podemos crear consciencia sobre las palabras que los
niños usan para evaluar o denigrar la apariencia de otras personas.
¿Acaso esto parece políticamente
correcto en exceso? Tal vez. Pero un poco de sensibilidad no sería malo en este
caso.
No es necesario etiquetar a nadie
con palabras como "gordito", "flacucha", "bobo" o
algún otro insulto que hayas escuchado. Los jóvenes están muy conscientes
cuando no han sido favorecidos y saben que usualmente se relaciona a la
popularidad con la apariencia.
Es más, un estudiante ambicioso que
sea atractivo tal vez prefiera que lo alaben por lo que dice que por su
apariencia. No les sirve de nada permitir que los demás piensen que su
apariencia es su principal y mejor atributo; tal vez eso les provoque
inseguridad en otros aspectos de su personalidad o comportamiento.
El hablar abiertamente de esto
podría dejar en claro a la gente que participa en la vida cotidiana de nuestros
niños que sus comentarios casuales pueden tener efectos a largo plazo. También
pueden aliviar el dolor de no ser candidato a rey o reina del baile de
graduación. Aquí yo diría que los concursos de popularidad y belleza en las
escuelas son una idea peligrosa para empezar. Tienen un efecto en las
percepciones y el comportamiento de todos en las escuelas, incluso
potencialmente en los maestros.
Dedicamos tiempo y esfuerzo a
asegurarnos de que se trate justamente a nuestros hijos en la vida. Ayudemos a
garantizar que no se les discrimine —ni que se les den ventajas— solo por su
apariencia.







0 comentarios:
Publicar un comentario